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Deseos

 SexyEs verdad que tu hermosura

no dejaba a nadie ausente,

es verdad que tu alegría

calmaba todo el ambiente

y las líneas de tu figura

sólo en Venus estaban presentes,

es verdad, ilusión mía,

que te amo cual penitente,

y que sólo al oir tu nombre

se alborotaba mi mente:

por besar tus rojos labios,

por quitarte la ropa a dientes,

por admirarte desnuda

y amarte hasta encontrar la muerte,

como ningún otro hombre

lo haría, con goce tan paciente.

No creas vanidosa hechicera

que en mi pisaste fuerte,

ni que me quitas el sueño,

ni que en utopías vanas

mi cerebro por ti hierve;

¡sólo estaba pensando

que aún en mi pecho se siente

la huella de un cupido loco

que anduvo probando suerte!

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Lejanía

lejaniaI

Tardes calladas de inviernos eternos,

miradas perdidas por cristales mojados,

calores de cuerpo que han menguado,

latir de corazones enfermos.

II

El tiempo se volvió añoso,

la vida ya no es nuestra.

los rostros, ya no hermosos,

ajados de años muestran.

Pasajeros mudos

de una pasión imberbe

que aprietan como un nudo,

que duele, rasga y muerde.

III

Como el dolor del que sufre,

como en el metal, escarcha,

como la fiera que ruge,

tu recuerdo no se marcha.

Los tejados lloran lágrimas de enfermo

de pena, de olvido, de lejanías.

Tu ausencia,  fantasma de día,

soledad de mis noches,  infierno.

IV

Ya no estás, ya no somos,

la monotonía cerró el velo.

El polvo vuelve a la tierra,

el agua vuelve al cielo.

 

Esta cuestión

enamoradosEsta cuestión de no verte

y de saber que aún existes,

y en el loco afán de esconderte,

en mi pensamiento persistes.

 

¿Qué es esta sensación arcana, perpleja,

que despierta mariposas y revuelve la hiel,

que acalla las musas del poeta y no deja

ni leer en tus ojos ni escribir en tu piel?

 

Es necesario, vida mía, que tomemos decisiones,

que hagamos polvo de estrellas las moralidades;

que dejemos de excitarnos en codificadas conversaciones,

que me dejes dormir entre tus concavidades.

 

¡Huye, evade, miente! El cielo te espera,

la luna ingrata ya no llorará tus cuitas,

el sol altanero iluminará tu acera

y vendrás a mi, con el amor que quitas.

Quisiera

2884502705_a1afac6899Quisiera, de mágica manera,

de súbito transformarme, por ejemplo,

en el vaso en que dulcemente posas

tus labios de carmesí intenso,

para así poder robarle

a tu dulce boca, tus dulces besos.

Entregarme por entero a ti: corazón,

alma, voz, amor, olor y cuerpo.

 

Saber que tú me amas y estar,

de ti, enamoradamente enfermo;

sentir que me necesitas

como yo te necesito;

jugar al amor, reírnos,

llorar, entregarme por entero;

ser la risa dulce y clara,

ser el llanto sin tormento,

ser tus flores de primavera

y el calor de tus inviernos.

 

Ir, paulatinamente, de tu vida

bella, serena y pura, dependiendo,

sentir que soy todo tuyo,

que presido tu fe y tus recuerdos,

que llevas mi nombre enredado

en tu memoria como un cierzo,

que sepas que te estoy amando

y que ¡sólo en ti pienso!.

La regresada

2319462542_813d61fa56_o1Como ser sensible,

como un labrador,

como el artesano tallador,

como el ser más humilde,

como un hombre ordinario

de comunes acciones,

como un rey legendario

de futuras visiones.

 

Como el que cuenta la historia,

como el que predice el futuro,

como el que avanza seguro

en el presente de su memoria,

como un pez en mar abierto,

como un arcoiris de final incierto,

como nube blanca de rara forma,

como el vuelo libre de la alondra.

 

Pero hoy has regresado, después de larga ausencia.

Qué dicha, qué luz, mi corazón de alegría salta.

Tengo tu voz, tengo tu risa, tengo tu esencia.

¡No sabes cuánto me hacías falta!

 

Aún así

lapida

No entiendes mujer, que con tu altanería

humillaste a la rosa por sus espinas,

humillaste a la tierra por donde caminas

y también humillaste a quien más te quería.

 

A los tres pagaste con vil desprecio:

con tu belleza a la rosa;

con tu estampa a la tierra;

y con tu ironía al amor, por necio.

 

Caerás, al fin, también humillada.

Se borrará de ti la fragancia,

tu corazón rodará por los cerros.

Y al final de tu vacía jornada

y a pesar de tu estúpida arrogancia

estaremos los tres en tu entierro.

 

Pinocho

pinocho1

Rodrigo nació en cuna de oro, si se puede llamar así a quienes nacen en cualquier familia de gente acomodada de cualquier pueblucho de este país. Vivió su niñez como cualquier mortal, a pesar de su situación económica: escuela pública; comedores comunitarios; paseos de curso; lugares de juego; sitios de veraneo en común con el pueblo; entre otras cosas, no era raro verlo ya de grande compartiendo, tanto con la gente de su misma “alcurnia” como con cualquier atorrante en los tugurios más oscuros de su pueblo.

Rodrigo siempre tuvo un gran carisma, empático, de humor agudo y vivaz, de palabra fácil y garabato veloz. Pero por sobre todo, lo que más llamaba la atención de este pequeño ser, que de a poco se fue convirtiendo en parte importante de nuestra sociedad, era su generosidad. Esa generosidad que abarca lo monetario, porque era rajado como fea borracha, por ello los amigotes oportunistas se le pegaban como lapa a su billetera; lo sentimental, porque tenía amor para todas, ya que tipo con plata, con facha y con auto era imán seguro para las minas y, lo más sobresaliente era la entrega para con quienes lo consideraban amigo, no hubo persona más amiga de sus amigos que Rodrigo. Siempre una palabra justa, siempre un abrazo reconfortante, siempre la ayuda cuando alguien más necesitado estaba.

Se podrían escribir páginas y páginas enumerando las virtudes y también, porque no decirlo, los defectos de este pseudo personaje, pero sólo resta añadir que de los amigos que cualquiera pueda esperar en la vida, éste, sin duda, fue lejos el más leal y sincero que se podría desear, es por eso que tanto sorprendió, a tan temprana edad, su suicidio.

Nadie se lo esperaba, como es lógico en este tipo de situaciones. Todos quedaron de una pieza. Si bien la vida, más allá de sonreirle con fama y fortuna, había sido bastante beneplácita con él, no habían razones suficientes para justificar tan mezquino acto. No estaba en su naturaleza, no estaba dentro de sus planes o eso era lo que todos creían. Pero entonces ¿cómo afrontar esta situación, qué decirle a sus padres?, que eran tan familiares a todos como Rodrigo era de los propios. El ídolo había caído. La luz se había apagado. El amigo había tomado la decisión más cobarde, la más mezquina, pero, sin duda, la más acertada para él.

Pero tanta fue la agonía que infringió a sus más cercanos que produjeron la decisión más vesánica jamás imaginada. La única forma de sosegar la pena era hacerle un tributo: contar su vida hasta su muerte, y porqué no también a partir de la misma. Ya que incluyéndolo en las travesuras venideras, en las juergas y los carretes, la muchachada estimó que así sería la manera más noble de recordar a su amigo. La vida es vida y las decisiones son perennes, colectivas y, por tanto valederas, tal como la que tomó Rodrigo.